lunes, 17 de septiembre de 2007

Asi comenzaron las cosas

Siempre uno tiene que echarle la culpa a su mamá de todo y en este caso, no quiero ser mas original que nadie. La mía tiene que cargar con ese fardo de presiones que se me agolpan de pronto y que en medio de la noche,cuando el ventilador de la habitación pide clemencia ante tanto calor de verano,en el justisimo momento en el que casi consigo pegar las pestañas y algún zancudo malandro se lanza en picada contra mi oreja,cuando me espabilo y recuerdo una imagen silente e incolora que viene de allaaaa,del otro lado de mi infancia,allí,donde le veo hacer el desayuno,limpiar la casa y acompañar al toca disco, en una jornada sabatina,que se me hizo a la sangre y ya no le puedo arrancar. En ese aparato escuché a mi mamá cantar con La Lupe, Acerina y su Danzonera,con Toña la Negra, años más tarde, con Oscar D´León y cuando yo ya tenia esa cosa en mi cuerpo,puse mis primeros LP´s de acetato negrísimo-perpetuo y modernos,adquiridos a fuerza de juntar bolívares de los viejos, eran tan solo16 pero a mi me costaban mucho reunirlos.
El viejo tiene también lo suyo,pero él era callado y muy rara vez,en su ritual de afeitarse la cara,con aquellas afeitadores de hojillas Gillete y brochitas de madera pintadas de azul cielo o verde agua marina,soltaba un hilito de voz para acompañar a Daniel Santo en una curva de último compás para cerrar con aquello de ..."yo no he visto a Linda,parece mentira".
Fueron este par,pero más ella,la que tiene que recoger los frutos de mis desvaríos con la música, mi imposibilidad de ejercer tal papel en la vida,la que no comprendió mi debilidad ante las claves,la que no escuchó el sonido de mis dedos tocando a mitad de la noche el copete de la cama,la que creyó que eso de juntar música o grabar cassettes era una obsesión de la infancia,que bailar hasta seguir el bongó o copiarse los pasos del Travolta era tan solo un brinco de adolescencia,que aquello de escuchar la música a todo volúmen no era un ritual para atraer a esos señores hasta mis oídos,para que bajaran esos espíritus del acetato y se quedaran pegados en mi alma y poder evocarlos cuando quisiera,en mitad del llanto de alegría,o en pleno dolor del soliloquio.
Años,muchos años después, me hice fotógrafo,ayudado por gente que aprendió de otros (¿y quién no?) Miguel Ángel Alvarez,Williams Pacheco,Adalberto Alvarez,Raúl tamaris y con el hombre de Pekin,Pavel Bastidas,en ese transitar descubrí que podía reunir imágenes de músicos,de hacerlos a mi,de juntarles y evocarles,de comprar su música y así lo sigo haciendo,voy a conciertos para poder hacer algo que yo no pude hacer;me desquito en cada ráfaga de fotogramas justo en cada improvisación cuando exhalan un último aliento de tarima y son solo para mi

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