jueves, 20 de septiembre de 2007

De mucho Saxo y poco Sexo con la Marisol

Todas las veces que intento remendar los recuerdos,termino por hacer un nuevo zurcido,un nuevo parche que me conduce a nuevos vericuetos en la memoria.
Eran los ochenta, cursaba el cuarto año en el Liceo Fermín Toro de Caracas y el amor de esos días se llamaba Marisol Sierra. Cada fin de semana estaba atrapado entre las aguas del Triángulo de las Bermudas : su madre no le dejaba salir, yo no tenia dinero, era supercodiciada por otros chicos.
Un viernes me anunció que al día siguiente podríamos vernos,su madre estaría ausente y era el día perfecto para encontrarnos y tomarnos de la mano.Esa noche cuadré mi estrategia con la sucursal del Fondo Monetario Internacional (mi papá) para que pudiera dispensarme un crédito inmediato;dije que del liceo nos habían mandado a ver una obra de teatro y que si podía darme dinero para la misma,claro, iría con mi novia así que el crédito debía contemplar también esa erogación. A regañadientes accedió a darme el billete que tenía en su bolsillo,era uno de Bs. 50 con el cual pagaría las dos entradas y quedaba dinero para helados. El sábado temprano compré el periódico al único quiosquero que le he comprado con placer:Jacobo Reyes,quién me ofertaba cuanta coleccionable nuevo salía al mercado:enciclopedias de música, de autos, de Inglés americano con discos 45rpm o de Inglés Británico con cassettes,de animales,y los diversos albumes de barajitas de béisbol,cuando yo era del Caracas,aquel equipo donde jugaban César Tovar,Jesús Marcano Trillo,José Vinay Caldera,Víctor Davalillo y otros que en este instante no puedo recordar.
Ese sábado busqué la cartelera de cine y parece que nada llamó mi atención,lo cierto es que para impresionar a Marisol,busqué algo mas exótico y me decidí por algo en algún teatro.Tomados de la mano , besitos van besitos vienen,llegamos hasta El Teatro Municipal o El Nacional (nunca los he distinguido) pero hasta las taquillas fuimos a parar.Compré las dos entradas y accedimos a la sala de asientos aterciopelados,donde apenas había unas 20 personas.Era mi primera visita a ese sitio,estaba viendo el decorado,el techo y a las demás personas cuando las cortinas se abrieron para anunciar que aquello comenzaba. Con el programa de mano Marisol se abanicaba y yo lo había puesto en el asiento de al lado con la esperanza de que aquello que empezaba (que no sabía si era obra de teatro,recital de poesía o concierto) fuese aburrido para tener la tonta excusa de decírselo al oído,mientras le besaba la orejita y luego pasaría a su nada chiquita boquita. Aquello empezó con música, era un trio acompañando a un catire altísimo que vestía de blanco. En general yo solo escuchaba salsa dura y estaba en un coqueteo interesado con el Disco Music (si no lo aprendía no conquistaría chicas en ese gran sector de bailarinas) así que en aquellos primeros movimientos la música me sonó rarísima. Marisol me vio de reojo y supe que la vaina no le gustaba,la abracé y le dije que esperáramos ver si la cosa cambiaba.Nada,los tipos se daban durísimo con sus instrumentos al punto del que al guitarrista se le fue una cuerda y el catirote vestido de blanco seguía fajado con el saxo. Un momento pararon y el catire pidió: diess minutus por fabor y así se le conciedieron. Fueron, arreglaron lo suyo y al rato volvieron a entregarse a las 15 personas que quedabamos en la sala. Ese concierto me dijo que había otra música,otras sonoridades, salí contento de poder ver algo que por primera vez me sonó a tributo,aquello era importante,yo lo sentía. Salimos tomados de la mano,dejé mi programa en el asiento de al lado y acompañé a Marisol a su casa, antes de darme el beso de despedida me dio su programa que guardaba en su cartera"toma llevatelo, se que te gustaron los pavoso esos".Así lo hice. Años mas tarde,arreglando mi cuarto, sacando y botando papeles, cuadernos viejos y recuerditos inservibles, me encontré con esa rareza de años atrás: había visto en carne y hueso,escuchado de oreja a oreja mientras besaba a la Marisol, al mismísimo Señor,al Stan Getz.

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